Luis Infante, un revolucionario visionario

Desde 1987 a 1997 dirigió MARCA, el mejor diario de la historia de España

Llegó junto a Juan Pablo de Villanueva, Juan Kindelán y José María García de Hoz como socios de Espacio Editorial (1973), que a la postre, en 1992 pasaría a llamarse Grupo Recoletos. En 1984 desembarcaron los 4 en la calle Francisco Palau y Quer, donde MARCA tenía la redacción y la rotativa. Luis era el revolucionario, el visionario. Le daba igual qué materia tratara: deportes, economía, sociedad, política… Juan Pablo, que fue el primer director de ese MARCA, Kindelán, el Consejero Delegado y Chema, uno de los brazos armados en los que se apoyaba el grupo encargaron a Luis Infante Bravo darle varias vueltas de rosca a ese periódico, que había pertenecido a los Medios de Comunicación Social del Estado.

Como no podía ser de otra manera, Luis empezó a meter mano a la maquetación del MARCA. Llegaba con su jersey azul, su pelo blanco y su barba bien arreglada y comenzaba a revolucionar cada día la forma de hacer periodismo artístico. Metió los recuadros, los apoyos, los datos… todo lo que aportara calidad visual y orden al MARCA. Así estuvo durante dos años, 1984 y 1985, hasta que Juan Pablo dejó la batuta de MARCA a Jesús Ramos y la redacción se trasladó a la calle Recoletos. Ahí fundaron Expansión, el periódico económico salmón y Juan Pablo fue su primer director, por lo que Luis se enfrascó en su diseño, además de hacerle un buen lavado de cara a la revista Telva. Todo esto compaginado con «El MARCA», como le gustaba a él decir. «¿La gente qué dice: voy a comprar MARCA o voy a comprar El MARCA», nos decía continuamente. Más razón que un santo.

En 1987, para preparar el 50 Aniversario de MARCA, Luis pasó a ser director. De deportes estaba bastante pez, no le gustaba, pero tenía que adaptarse porque era una época en la que el deporte era pieza fundamental de la sociología de España. Tenía que ir de vez en cuando al Bernabéu y eso le incomodaba bastante, aunque cuando descubrió a la «Quinta del Buitre», se puso cachondo (tal y como decía él) y comenzó a bailar sobre aquel equipo del Real Madrid. Con mano firme logró vender más de 500.000 ejemplares e hizo llegar a los ojos de más de 2.000.000 de españoles «El MARCA», no sin antes apretar las clavijas a Pepe Jesús con las horas de llegada de la distribución. Se implantó una nueva rotativa en la carretera de Andalucía; se pasó de llevar los fotolitos en unas motos a pasarlos por láser; se implantaron las reuniones culinarias en los restaurantes cercanos (» Es la hora de ir a mover la mandíbula»); las de la «pecera», sin prescindir del güisquito que había implantado Juan Pablo, por supuesto acompañado de un buen cigarrito.

Se sacó de la manga La Liga Fantástica. Un revolucionario juego de equipos de fútbol virtuales, a los que jugábamos como si fuéramos entrenadores de los mismos, y en el que se miraron todos los juegos de ese tipo que existen en la actualidad. Creó la Guía MARCA, el «catón» del fútbol español. En fin, no me extiendo mucho más porque gastaría todos los megas de esta página. Revolucionó aquel periodismo deportivo que estaba anclado en la miseria informativa y social.

Para terminar, decir que era amigo de sus amigos. Nunca tenía una mala palabra, ni tan siquiera para sus enemigos, que los tuvo. Cuando me cabreaba con él porque creía que alguien le estaba tomando el pelo y haciéndole la pelota, me decía: «Pedrito, a mi dame un hijo de puta que sepa tocar el piano, que de lo demás me ocupo yo». En fin, más razón que un santo. Tras su marcha de la dirección, «EL MARCA» no volvió a tener esa chispa, ni sus trabajadores esa libertad para escribir lo que les saliera de las neuronas. Luis dialogaba si no veía un tema, pero si había mayoría en contra de su visión, la aceptaba (aunque siempre le daba una vuelta). Lo demás ya es morralla histórica. ¡Gracias por todo, Luis! ¡Gracias por tanto!.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *