Un puñado de catetos

Ribó y Puig son dos catetos profundos, que destilan odio hacia sus propios paisanos

Pedro Sardina (7 de abril de 2022)

Lo de nuestra clase política no tiene parangón. Se puede ser de izquierdas, de derechas o mediopensionista, pero señores, con sentido común. Ribó y Puig son dos catetos profundos, que destilan odio hacia sus propios paisanos y, además, sin ninguna razón y sin ningún por qué. Valencia vuelve a ser el hazmerreír del mundo al despreciar la “gallina de los huevos de oro” en estos tiempos convulsos por los que está pasando la Comunidad Valenciana.

Cuando el Real Club Náutico de Valencia, por medio de su presidente Alejandro Fliquete y su gerente Carlos de Beltrán, recibieron la visita de Francesco de Leo y NiccolòPorzio di Camporotondo vendiéndoles la gran posibilidad de volver a traer la Jarra de las Cien Guineas a Valencia para la disputa de la 37 edición Copa América, el club de la ciudad se metió en un charco hasta las rodillas. Suponiendo que De Leo y Porzio hubieran vendido algo palpable, los dirigentes del club no tuvieron en cuenta la clase de catetos generadores de odio que estaba rigiendo sus consistorios.

El caso es que el club de la ciudad quedó con el culo al aire cuando decidió retirar su candidatura basándose en las declaraciones de su alcalde, Joan Ribó,que anunció que no estaba dispuesto a financiar económicamente un proyecto de tal calibre tras la experiencia de 2007. Como si la experiencia de 2007 hubiera sido mala y cara.

Hay que decirle a este cateto a los mandos de esta gran ciudad, que la Copa América de 2007 puso a Valencia en el mapa, además de generar para la ciudad infraestructuras con las que jamás hubiera soñado. También decirle al cateto Ribó, que la Copa América de Valencia 2007 no la trajo el Partido Popular, no. Llegó a Valencia gracias a una bravuconada de Manel Casanova, que nada más ganar el Alinghi en Auckland en 2003, se tomó la licencia de mandar un fax a la Société Nautique de Genève, club ganador de la 31 edición, ofreciendo los campos de regatas valencianos, ya que Suiza no contaba con aguas abiertas para su celebración.

Tras estas primeras gestiones, a las que ni el Partido Popular ni nadie dio crédito, Ernesto Bertarelli hizo una visita de alcance al Real Club Náutico de Valencia para comprobar si eran verdad todas las bondades que Casanova relataba en su fax. El interés que despertó la visita de Bertarelli a Valencia hizo que el Rey emérito metiera baza y convenciera al magnate suizo de que Valencia era la única opción para que su equipo revalidara el título. Tras un año de dimes y diretes, con la candidatura de Lisboa dándole puñaladas a Valencia por la espalda gracias a la envidia del portugués Patrick Monteiro de Barros, en 2004 Bertarelli se decidió por Valencia.

A Ribó hay que decirle que, aunque el Partido Popular gobernaba en la Comunidad y el Ayuntamiento, hubo algún que otro socialista que remó a favor. Por ejemplo, Jordi Sevilla, ministro por entonces del gobierno de Zapatero, que aceleró las obras del Puerto America’s Cup y de la dársena Juan Carlos I para que Bertarelli viera que Valencia era digna de acoger la que a la postre sería la mejor Copa América de la historia.

Otro socialista con los pies en el suelo que supo aprovechar el momento fue José Manuel Orengo, por aquel entonces alcalde de Gandía, que supo tocarle la moral a Rita Barberá cuando consiguió que el Desafío francés K Challenge se instalara en su ciudad hasta tres meses antes de la disputa de la Copa. Es más, Orengo consiguió que el barco francés tomara popularmente el nombre de Gandía K. Dos tíos estudiados y con sentido de estado, a los que les importó tres pimientos que Francisco Camps y Rita Barberá manejaran las teclas de un evento limpio y sin ninguna corrupción dado que todo el dinero que se invirtió en esa Copa América lo gestionó ACM, empresa organizadora del evento. Todos los políticos, absolutamente todos, solo pusieron su imagen en las fotografías. Nada más.

Este odio que Ribó y Puig generan hacia la derecha de su comunidad ha privado a Valencia de albergar su tercera Copa América y de volver a suministrar a la ciudad, sus comerciantes y sus ciudadanos una inyección de millones. La Copa América no solo mueve personas, mueve millones de euros, dólares y negocios de inversión, que ahora estos dos catetos le han puesto en bandeja a Barcelona.

Y ya que hablamos de Barcelona, contar que por aquel entonces regía la Ciudad Condal el socialista Jordi Hereu i Boher, que intentó hacer unos bussines con Michael Bonafous, presidente de ACM, para arrebatar a Valencia la regata. Hereu basó su defensa en que Barcelona era ciudad olímpica y tenía un régimen de viento estable. Tanto insistió el socialista, que Bonafous mandó medir los vientos que soplaban en el campo olímpico durante el mes de julio de 2005. Los resultados no fueron satisfactorios y se cerró el polémico asalto catalán.

Grant Dalton, CEO del Team New Zealand, ha estado jugando a subastar la Copa América aunque él haya declarado que eso jamás lo haría. Respiró cuando Valencia renunció a la candidatura porque ya se avistaba por el horizonte la posibilidad de Barcelona. Una ciudad, como el mismo dijo, en la región de Cataluña, con unos políticos muy sumisos que necesitan por todos los medios dar visibilidad a su independentismo. Málaga, otra candidata española, tuvo que desistir a su sueño porque comenzó la guerra en Ucrania y el capital que avalaba a la capital de la Costa del Sol era ruso.

Ahora, Grant Dalton se encuentra con su mayor problema, que no es otro que los políticos catalanes cumplan el contrato que han firmado con él. El dinero no es problema, porque al contrario de lo que dicen que esta Copa América no va a gastar y sí a generar, en Barcelona gastará, pero ya estará detrás papá estado para cubrir las deudas que genere. Hay que tener en cuenta que si en Valencia estaban casi todas las infraestructuras construidas, en Barcelona no hay nada hecho de lo que piden los neozelandeses.

Las bases estarán separadas y hay que adecuarlas a las necesidades de los equipos porque salvo la italiana, que se instalará en la base de cruceros de Grimaldi, las demás lo harán en edificios abandonados. El village VIPS que quieren montar en el Moll de la Fusta hay que hacerlo entero y no valen cuatro carpas mal puestas. Hay que hacer algo majestuoso para que los invitados luzcan su palmito y la grada frente al mar, al sur del hotel Vela con gran capacidad de espectadores costará un riñón. Todo a cargo del anfitrión, es decir, Barcelona, Cataluña y España.

Otra de las cláusulas conflictivas que tendrán que cumplir será la de seguridad. Dalton está al día de que Barcelona es la ciudad española con más delincuencia en estos momentos. La Copa América atrae público adinerado y empresarios muy importantes por lo que será necesario un cordón de seguridad alrededor del puerto, desde la Barceloneta hasta la Estación Marítima. ¿Quién va a pagar esa seguridad? Barcelona, Cataluña y España.

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