Partiste como el sol sobre Timanfaya: en calma, dejando luz
Noventa y un años parecen una eternidad, pero a mí se me han hecho muy cortos, demasiados cortos. Nos conocimos en 1966, en las aguas cálidas de Benidorm. Yo tan solo tenía 10 años y me diste la oportunidad de abrir una nueva visión en mi vida. Aquel artefacto que levantaste en el Rincón de Loix sirvió para muchísimas cosas, entre ellas para adoptar mi primera experiencia profesional, aunque estuve algunos años como aventajado meritório o becario, como se dice ahora. Rápidamente me gané tu confianza y la de Edith, quizás porque dentro de tu gran visión empresarial entraba la de formar una familia eligiendo sus miembros. Así, Joaquín, Juan, Julia, Antonio y yo mismo fuimos desarrollando esa filosofía que nos inculcaste de que no había compañeros, había hermanos. «Nunca se trabaja solo», decías con más razón que un santo.
Humberto Armas Cruz era una persona afable, justa, reconciliadora, docente, estricta, bondadosa, trabajadora… no hay sitio para seguir calificándole. Pionero turístico de la villa de Benidorm allá por los años donde la alcaldía estaba presidida por Pedro Zaragoza, otro visionario como él, de lo que se iba a convertir Benidorm en pocos años. Allí se instaló en el año 1965, para comenzar a construir uno de los iconos de la playa de Levante de Benidorm. No existían muchas cosas: Penélope, 007 o El Corral eran las discotecas más destacadas; el Dátil y Casa Nadal, dos restaurantes emblemáticos del Rincón de Loix y el hotel Brisa, el Les Dunes o el Delfín como ofertas hoteleras de más lujo.
A cien metros de la orilla del mar se levantó el majestuoso Cable Ski, un artefacto rectangular que media 900 metros y que servía para practicar el esquí náutico sin necesidad de ninguna tracción con embarcación. Lo hacía un motor Mercedes de gasoil y podían practicarlo 10 usuarios a la vez. Se trataba del primer Cable Ski del mundo colocado en aguas abiertas. La patente la trajo de Alemania, donde ya tenía negocios de comercio junto a su esposa, Edith Armas Langheinrich, una alemana de las de antes, con una personalidad especial que nos cobijaba a todos bajo sus alas de ángel.
El Cable Ski de Benidorm fue pionero del esquí náutico en España. Allí nos criamos una generación que aún íbamos al colegio y ese mismo Cable Ski nos vio crecer y hacernos mayores. Fuimos a la universidad, a la mili o al servicio social. Comenzamos a ver los bikinis en las playas, coches descapotables con matrículas extranjeras, toldos de madera en la playa, la imprescindible «guagua» que nos llevaba al centro por aquel camino sin asfalto, las dunas donde poco a poco se iban levantando chalets y más tarde edificios familiares para convertirse al final en rascacielos.
En medio de todo ese progreso estaba el Cable Ski. Con Humberto, Edith, Joaquín y Juan se fue desarrollando una de la fuentes más importantes de ingreso de turismo europeo. En la plataforma, que a partir de este año se llamará Plataforma Humbreto Armas, se hablaban muchos idiomas. Español, alemán, holandés, italiano, francés y, por supuesto, el valenciano.
El caso es que ya se nos han marchado Humberto y Edith. ¡Cómo pasa el tiempo! El legado de esta pareja ha recaído sobre Daniel, aquel vástago rubio con gafas que nació en la década de los 70, con una educación exquisita que balbuceaba el español y hablaba perfectamente el alemán. Dani se casó con Emma Segovia Leza, otra visionaria de la manera en la que hay que tratar a nuestro cuerpo para mantenerlo vivo, y de ellos han llegado Alejandro y Ane, que viven su segunda década pero que su arraigo al Cable Ski es indudable. Con ellos están asegurados otros cien años de Cable Ski. Ellos, Alejandro y Ane, siguen la huella imborrable de sus abuelos, Humberto y Edith, que ahora descansan juntos en el Cementerio Nuevo de Benidorm.


Nunca os olvidaremos amigos. De todo corazón b. Ignacio Gordillo
Nunca os olvidaremos amigos. De todo corazón b. Ignacio Gordillo