Lo que Valencia le debe a Manel Casanova

La Copa América de 2007 llegó a Valencia de la mano del presidente del Real Club Náutico

Pedro Sardina (18 de febrero de 2019)

El Partido Popular ha pedido la Medalla de Oro de la Ciudad de Valencia para él, pero no se sabe si en este convulso momento político lleno de odio de unos a otros va a ser posible. Manel Casanova ha sido una gran pérdida para todos, pero mucho más grande para su ciudad natal. Después de casi 15 años de que se le concediera a Valencia ser sede de la Copa América, algunos siguen dudando que fuera Manel Casanova el culpable de tal logro.

Nunca fue un buen político, pero sí sabía hacer las cosas políticamente correctas. Le tocó bailar con Francisco Camps, presidente de la Generalitat Valenciana por aquel entonces, y con Rita Barberá, alcaldesa casi incombustible de una ciudad que se estaba modernizando, pero que eso de la Copa América le sonaba más o menos a chino y continuaba teniendo el mar a sus espaldas.

Mientras una delegación de la Société Nautique de Genève, club ganador de las Jarra de las Cien Guineas en 2003 en Auckland visitaba las instalaciones del Real Club Náutico de Valencia, porque su presidente les había invitado a que vieran las bondades de la parte que miraba al mar de la ciudad, Rita Barberá daba no sé que clase de rueda de prensa de esas que le gustaban a ella. No quiso acudir a este primer envite de Manel Casanova pensando que eso de la Copa América sería otra de esas regatas a la que tantas veces se la invitó y a las que otras tantas, renunció a asistir.

En una segunda visita, esta vez con Ernesto Bertarelli y su fiel escudero Russell Coutts a la cabeza de la delegación, Rita accedió a conocer a tan insignes personajes. La condición de empresario suizo de éxito que tenía Bertarelli hizo que a Rita se le pusieran los ojos como platos y abriera la puerta de su despacho de la Plaza del Ayuntamiento a la comitiva. Dentro estaban Rita, Bertarelli, Coutts y Manel. Según Casanova, Rita se enamoró perdidamente de las ambiciones de Bertarelli. Vio rápidamente una expansión de la ciudad hacia el mar trasladando el puerto de contenedores a Sagunto y juntando el ZAL y la zona portuaria para hacer apartamentos de lujo, un hotel de 7 estrellas y una base de lujo de cruceros, amén de una moderna marina que pudiera albergar a los grandes yates del mundo cuyos propietarios estarían forrados en billetes y, por supuesto las bases de la Copa América. Ahora sí, ahora Rita seguía sin entender muy bien lo que Manel Casanova trataba de explicarle, pero si entendía la que se podía liar en Valencia con todas estas premisas que Bertarelli le había expuesto.

Aprovechando la sinergia política que le daba el Gobierno central, Rita programó concienzudamente este gran evento. Tenía que conseguir, a petición del magnate suizo, que los carbones y los contenedores del puerto desaparecieran y que se construyera la marina más moderna del mundo. Rodrigo Rato, ministro de economía y hacienda lo tramitó y se aprobó en Consejo de Ministros. Eso, más los 120 millones de euros, las exclusivas de publicidad de los aledaños del puerto y un empujoncito que le dio al tema el Rey Juan Carlos, cerró en negocio que había abierto, sin ningún tipo de duda, Manel Casanova y el Real Club Náutico de Valencia.

Más o menos así fueron los primeros cimientos que se pusieron para abrir Valencia al mar. Luego el gobierno central cambiaría de color, pero las obras ya estaban en marcha y hubo que entrar a “torear” a Elena Salgado y a Jordi Sevilla para que no parasen lo que iba a ser la gallina de los huevos de oro para Valencia durante algunos años.

Manel Casanova volvió a sacarse otro conejo de la chistera y convenció a los socios del Real Club Náutico de Valencia para acometer las obras de ampliación del club. Por medio del ya ministro Sevilla consiguió los permisos de Costas y Puertos del Estado, a pesar de que Rita era mucho más partidaria a quedarse con los terrenos del Náutico y que éste se trasladara a algún sitio donde hoy en día está ubicada la Marina Sur de la nueva dársena. Casanova se negó al trueque y las relaciones con la alcaldesa se fueron deteriorando.

La gran mayoría de los medios de comunicación independientes estaban a favor de Casanova y le adjudicaban a él haber conseguido que la Jarra de las Cien Guineas se defendiera en Valencia en la edición de 2007, pero Rita quería las medallas para ella y comenzó a ningunear a Manel Casanova e incluso lo llamó a su despacho y le dijo que se quitara de en medio. Manel, políticamente correcto, dio un paso atrás, pero su gran prestigio y el apoyo incondicional de ser presidente de un club que había desafiado a la Copa América en ediciones anteriores se convirtió en acicate para que su nombre y figura continuaban en primera línea de fuego.

En plena Copa América, Manel Casanova salía lo justo del Real Club Náutico de Valencia, donde tenía de invitados a los Desafiantes Prada y BMW Oracle, y a todo los actos institucionales en los que Rita tuviera algo que ver, Manel no estaba invitado. Era una “guerra” fría absurda y sin sentido, pero cada batalla que planteaba la alcaldesa contra el presidente del Náutico, la perdía.

Manel, consciente de que el campo de regatas de El Saler era mucho mejor para disputar ese tipo de regatas, porque no tenía nada en frente que viciara la dirección del viento, le ofreció a Beratarelli la posibilidad de albergar en el club alguna infraestructura para facilitar a los equipos el traslado de material durante las regatas. Era muy inteligente el ofrecimiento porque además de que las regatas saldrían beneficiadas tácticamente, la Copa América se disputaría en el campo de regatas del Real Club Náutico de Valencia. Por ahí no tragó Rita e hizo firmar a Bertarelli una cláusula del contrato que decía que las regatas tenían que disputarse en frente de la Malvarrosa.

Algunas regatas se tuvieron que celebrar en El Saler porque La Malvarrosa no reunía las condiciones mínimas en esos momentos, y aunque Rita tiraba de contrato, prevalecían los deseos del Comité de Regatas, que quería montar un buen campo y dejarse de absurdos contratos. También llegó un momento en que eran tantas las regatas diarias que se disputaban, que había que hacerlo en ambos campos sin otro remedio. Manel vio cumplido otro sueño, ver los “round robin” desde el mar con el Real Club Náutico de Valencia de fondo. Así lo atestiguan las miles de fotografías que existen.

Miles de anécdotas aúpan a Manel Casanova como verdadero padre de la Copa América. Ahora que se ha marchado, la totalidad de los medios de comunicación así lo han aseverado, lo que quiere decir que es un reconocimiento masivo y sin fisuras de la gran gestión, que Manel Casanova hizo por su ciudad. No estaría de más ni de menos, que el alcalde de Valencia tuviera a bien nombrar al padre de la Copa América, Hijo Predilecto de la Ciudad imponiéndole esa condecoración a título póstumo. Nadie se lo va a echar en cara, señor Joan Ribó.

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