La pelota está en el tejado del TSJIB y la Autoridad Portuaria de Baleares, que no mueven ficha
El pasado 31 de diciembre de 2024 acabó la prórroga que la Autoridad Portuaria de Baleares le había dado al Real Club Náutico de Palma para renovar la concesión de los terrenos del club. Entremedias de esa prórroga hubo elecciones autonómicas en la región con victoria del Partido Popular, los políticos de la «derechona» de Baleares nombraron Presidente de la Autoridad Portuaria a Javier Sanz, ex presidente y actual socio del Real Club Náutico de Palma colocándole en una situación muy comprometida. Sanz, nada más llegar al cargo, firmó la desaparición del Club Náutico de Ibiza, pero alargó la agonía que sufría el de Palma.
Los periodistas catetos y perros de presa de Sanz no hacen más que blanquear la posible gestión del Presidente de la Autoridad Portuaria publicando sus bondades y buen hacer al frente del estamento portuario en los medios locales, pero la verdad es que ahora Sanz tendrá que mover ficha y determinar qué es lo que va a firmar, tras el fallo del TSJIB, si la renovación del club o el término de la concesión para que pase a manos de un siguiente postor, que está ojo avizor para que no se pueda hacer un pucherazo.
Sanz tuvo la oportunidad de hacer los deberes mientras fue presidente del Náutico de Palma. No solo no hizo nada, sino que se enfrentó a los presidentes que hubo de la Autoridad Portuaria y los desafió construyendo un pantalán sin permiso. En esa época, la fuerza del Real Club Náutico de Palma hizo que la Autoridad Portuaria escondiera una y otra vez la cabeza, pero la indolencia de Sanz le hizo creer que la concesión estaría prorrogada sin más.
Tras los ocho años de presidencia de Javier Sanz en el Real Club Náutico de Palma, fue elegido por los socios Emerico Fuster, un abogado palmesano que ha dedicado sus cuatro años de mandato a figurar y a hacerse fotos siempre que alguna autoridad recalaba en el club y claro, los deberes seguían sin hacerse. Fuster se fue y se presentaros tres candidaturas, que al final se juntaron en una y nombraron presidente a Rafael Gil March. Ya sin posibilidad de hacer nada más, el Náutico de Palma depende de la decisión de la Sala de lo Contencioso Administrativo del Tribunal Supremo de Justicia de las Islas Baleares para dar luz verde a seguir y renovar la concesión o para abrir las puertas a un concurso.

